domingo, 28 de septiembre de 2008

Una aproximacion

Sobre una mesa de acero estas postrada,
aún llevas el color rosa en la piel.

Te iluminan dos artefactos suspendidos del techo,
como una escultura en mármol,
estas inerte y hermosa.

Has llegado hasta este lugar,
pero no vas a morir,
a pesar que lo estas.

Selecciono los instrumentos,
para desarmar tu cuerpo,
pero antes invoco al ser supremo.

Este instante será un lienzo,
que en dos mil años seguirán contemplando,
le llamarán: La Disección.

Me abruma esta tarea, de socavar tu cuerpo,
de separar tu epidermis,
tu envoltura de seda.

La perfección de tu forma,
quedará fragmentada,
como un ídolo destruido por el tiempo.

Me pregunto si me acompañas,
con esa parte de ti que no puedo diseccionar,
porque es invisible e inalcanzable.

Te he profanado lo sé,
pero antes fui tu celador,
y te conocia desde que eras niña.

Ahora te transcribo,
en una bitácora quedarás anotada,
minuciosa y desplegada.

Y serás un tratado,
para la posteridad.

Y cuando tus cabellos ya no florezcan,
y tus uñas se curven desorientadas,
por la inercia de tu vitalidad.


Cuando esas raíces atraviesen tu sudario,
y florezcan en nuevos frutos,
cuando nadie ya pueda verte, ni recordarte.

Yo aún te seguire adorando.

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